jueves, 11 de agosto de 2011

Ese picorcillo de la nariz cuando estás a punto de empezar a llorar... Esa sensación de impotencia, de no poder controlarte a ti misma, porque sabes que cuando ese picor extraño aparece, no podrás contenerte. En casa, a salvo, no te importa, pero la cosa cambia cuando ese picor aparece en clase, en el tren o en la calle, rodeada de extraños que te miran mal. Porque llorar en público está mal visto en esta sociedad. 
Pues señores, si me apetece llorar, lloro. Y si me apetece llorar cuando estoy en la calle, lloro en la calle. Porque puedo llorar donde y cuando me dé la gana (o me venga el picor), pero si nadie se va a dignar a pararse y a preguntarme "Qué te pasa?", ya podéis dejar de volver la cabeza y mirarme raro. 
Llorar es la forma más sana de desahogarse, mucho mejor que destrozar ordenadores viejos, pegar puñetazos a las paredes o darle una paliza a tu mujer. Llorar es un acto-reflejo totalmente natural, no tiene nada de malo. Nunca nadie dijo que sirviese para nada, pero es totalmente cierto que después de llorar, nos quedamos mucho más a gusto. 


Así que por favor, cuando tengáis ganas de llorar hacedlo. Estéis donde estéis y os miren como os miren. Además, las caras raras que pone la gente seguro que os levantan el ánimo. =)

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