sábado, 4 de mayo de 2013

Más de una vez he escuchado un "ay Isa, qué buena persona eres", pero tampoco me lo he tomado muy en serio. Normalmente, si hago un favor no espero nada a cambio -cuanto menos algo material- y un "gracias" sincero me es más que suficiente. ¿Por qué? Pues porque es mi forma de ser, porque me gusta ver feliz a la gente que me importa, y si puedo ayudar a ello mejor me sentiré. 

Al principio a muchos les choca, o incluso sospechan de que haga favores sin vuelta (así de generosa es la sociedad de estos tiempos), pero llega un momento en el que la gente se acostumbra. En ese momento se produce un punto de inflexión en el que la persona pasa del regocijo a tomarlo como algo habitual. Y yo, como además de buena soy tonta, sigo haciendo favores mientras espero un agradecimiento que no llega. 

Pero ya está bien, ya me he cansado de ser buena. Ya basta confundir el ser buena con ser idiota. Sé que me va a costar, porque cambiar la forma de ser de uno es difícil, pero es algo que considero necesario para que se me tome en serio, que después de veintidós años creo que va siendo hora.

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