sábado, 26 de marzo de 2011

Nunca jamás...

Había una vez una niña que fue a lavar la ropa al río con su madre. La niña tenía unas pulseras muy bonitas a las que tenía mucho cariño, y para no perderlas en la corriente del río mientras lavaba, las guardó debajo de una piedra. 
De camino a casa se acordó de que no las había cogido después, se lo dijo a su madre y fue corriendo a por ellas, aunque su madre le dijo que tuviese mucho cuidado y que no hablase con desconocidos.
Al llegar, encontró al lado del río a un señor mayor con un saco muy grande cargado a la espalda, que al ver lo nerviosa que estaba, le dijo:
-Niña, ¿buscas algo?
-Sí, unas pulseritas que  he dejado debajo de esa piedra para no perderlas.
-¡Ah, son tuyas! Pues verás, las he visto cuando pasaba y las he guardado en este saco. Asómate a ver si las encuentras.
La niña se asomó, tanto que el viejo, de un empujón, la metió en el saco y lo cerró muy rápido para que no escapase. La niña empezó a gritar, pero el viejo le dijo:
-Como hagas lo que te diga, iré a tu casa y mataré a tu madre.
La niña se calló, pero tenía mucho miedo por lo que pudiese pasar. El viejo le ordenó que, cuando dijese "saco, canta", ella debía cantar una cancioncilla para poder sacar unas monedas.
El viejo empezó a andar y a llamar puerta por puerta. En cada casa, el viejo decía: "saco, canta", y la niña cantaba:


Este pobre viejo me metió aquí
por unas pulseritas que yo perdí.

De esta forma fueron casa por casa hasta que llegaron a la casa de la niña. La madre, que era muy lista, reconoció la voz de su hija en cuanto cantó, así que hizo pasar al viejo y le ofreció un plato caliente. Cuando el viejo se hubo hartado de comer, la madre le dijo que podía echarse un rato en el cobertizo. De esta forma, mientras el viejo dormía, la madre abrió el saco y encontró a su hija aferrada a sus pulseritas. Muy en silencio, fueron a buscar al padre de la niña que trabajaba en el campo, y con mucho cuidado, ataron al viejo para que no pudiese escapar. 
Cuando el viejo despertó, luchó y pataleó por escapar, pero estaba muy bien atado, así que cuando llegó la policía, le arrestaron y nunca, nunca más, volvió a raptar niñas con su horrible saco.








Ya no volveré a oírte contar este cuento con el que tantas veces nos dormimos... Te quiero.

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