miércoles, 7 de marzo de 2012

Olores.

Hay veces que pienso en las personas como si fuesen olores, y con el paso de los años he conseguido catalogar y más o menos definir algunos de ellos. 
Hay uno que me exaspera, me pone nerviosa y no me deja tranquilizarme en su presencia. Por ridículo que parezca, es el olor a mortadela. Las personas en las que pienso como mortadela pueden ser de muy distintas clases, pero son sus acciones las que los delatan. Cuando alguien "huele" a mortadela significa que hace las cosas rápido y mal, para salir del paso sin resultar herido. Los Mortadela no tienen amor propio, no sienten lo que hacen y son nefastos para los trabajos en grupo, pues con su indiferencia siempre acaban perjudicando a los compañeros. 
En el lado opuesto está el olor a fresco. Este olor no se puede comparar con ningún tipo de ambientador o suavizante; es un concepto que lleva asociado lo limpio, lo bueno, lo puro. Las personas de olor fresco son trabajadoras, constantes y con un ímpetu muchas veces por descubrir. No le tienen miedo al esfuerzo y se sienten bien consigo mismos cuando saben que el trabajo ha dado sus frutos. Me encanta estar en compañía de este tipo de personas, porque me empujan a seguir trabajando, sabiendo que luego me sentiré orgullosa de lo que consiga.

Hoy ha sido un buen día, porque he asociado el olor a fresco a una persona que ya conocía, pero que hasta ahora había sido inodora. A ver si me acerco y se me pega, que últimamente apesto a mortadela que da gusto.

viernes, 10 de febrero de 2012

Uno de los poemas más bonitos que conozco. Se me ha activado la fibra sensible, ésa que provoca el inconfundible y odioso picorcillo de nariz.


Quiéreme. Manifiéstate de súbito, choquémonos como por arte mágico en el Bukowski un miércoles. Pidámonos disculpas, intentemos tirar el muro gélido diciéndonos las cuatro cosas típicas, invitémonos a bebidas alcohólicas, escúchame decir cosas estúpidas y ríete, sorpréndete valorándome como oferta sólida. Y a partir de ahí, quiéreme. Acompáñame a mi triste habitáculo, relajémonos y pongamos música. De pronto, abalancémonos como bestias indómitas: mordámonos, toquémonos, gritémonos, permitámonos que todo sea válido, y sin parar follémonos. Follémonos hasta quedar afónicos, follémonos hasta quedar escuálidos. Y al otro día, quiéreme. Unamos nuestro caminar errático, descubramos restaurantes asiáticos, compartamos películas, celebremos nuestras onomásticas regalándonos fruslerías simbólicas. Comprémonos un piso, ¡hipotequémonos!, llenémoslo con electrodomésticos y regalémosle nueve horas periódicas a trabajos insípidos que permitan llenar el frigorífico, y mientras todo ocurre, sólo quiéreme. Continúa queriéndome mientras pasan espídicas las décadas dejando que nos arrojen al hospital geriátrico, inválidos, mirándonos sin más fuerza ni diálogo que el eco de nuestras vacías cáscaras. Quiéreme para que pueda decirte cuando vea la sombra de mi lápida "ojalá, ojalá como dijo aquel filósofo el tiempo sea cíclico y volvamos reencarnándonos en dos vidas idénticas". Y cuando en el umbral redescubierto de una noche de miércoles pretérita, tras chocarme contigo girándote me digas "uy, perdóname", ruego que permita el dios auténtico que recuerde el futuro de ese cántico, y anticipándolo pueda mirarte directo a los ojos y conociéndolo muy bien, sabiendo el devenir de futuras esdrújulas destrozando de un pisotón mi brújula te diga, sólo, quiéreme.

@Daniel Orviz

miércoles, 1 de febrero de 2012

Micro II

Esas pinceladas blancas no le acababan de convencer. ¿Por qué toda la corte estaba tan obsesionada en vestir esos tejidos tan brillantes? Tanto satén, tanta seda y tanta organza… ¿Para qué? Para fastidiarle, seguro.
Había pasado semanas estudiando el efecto que la luz hacía sobre las telas para dar unas pocas pinceladas. Horas de estudio resumidas en cuatro trazos. Cuatro trazos que, sin saber por qué, no le convencían en absoluto.
Qué era, ¿la disposición? ¿La blancura total? ¿Había demasiado? ¿Demasiado poco? No, todo eso parecía estar bien. De repente oyó una voz a sus espaldas.
-Una obra magnífica, como siempre.-
Velázquez se dio la vuelta sorprendido y saludó a su visitante, que se marchó en breve.
Volvió a mirar el cuadro con atención durante unos minutos y se encogió de hombros. Si el rey decía que estaba bien, debía ser verdad.


viernes, 6 de enero de 2012

Cosas que hacer antes de morir. Volumen I

"Ver fuegos artificiales mientras ______ me abraza por detrás"

Querido ______, tú todavía no sabes quién eres. Quizá lo sospeches desde anoche, o quizá no.
El caso es que, una vez más, no has estado ahí para cumplir este capricho, sueño, romanticonada pastelosa o como sea que se le quiera llamar.
Esperaré a que vuelvas, claro que esperaré, siempre lo hago. Pero empieza a darte por aludido, tu nombre no cabrá sobre esa línea para siempre.

domingo, 1 de enero de 2012

2012

Feliz año, ávidos lectores. 
Si tenéis algún sueño poara el 2012 intentad conseguirlo hasta la saciedad, porque cualquier avance en esa dirección, por pequeño que sea, merecerá la pena y hará que os sintáis orgullosos de vosotros mismos.

Cheers!!

martes, 13 de diciembre de 2011

La mirada verde.

Cansada de ver pasar a su joven amor platónico por debajo de su ventana, trazó un cuidadoso plan para hacerle saber de su existencia. A pesar de tener unos pocos añosmás que él y haber pasado ya esa crítica edad, al verle, volvía a sentirse como la tonta enamoradiza que hacemuy poco fue. Su plan, que consistía en cruzarse con su amado cuando este volviera del instituto, no tardó en ponerse enmarcha.Y aquella tarde, decidida, se colocó en medio de la calle, a unas cuantas puertas de su casa, mirando impaciente el reloj y esperando su inminente llegada para hacer su particular desfile de seducción.Y en un descuido, lo vio, allí, en la lejanía, como un espejismo borroso, doblando la esquina y acercándose cada vez más. Rápidamente se recompuso, se echó el pelo hacia un lado, enseñando la tiranta del sujetador y se humedeció los  labios,mostrando la parte más sexy de su ser.Y, sin darse cuenta, ya lo tenía enfrente, observándola con aquella profunda mirada verde.Tenía los ojos más verdes e intensos que jamás había visto nunca. Se sintió intimidada, sin saber dóndemirar, si al suelo o a aquellos ojos que la miraban tan fijamente.Y, de repente, los labios de él se removieron en un intento de decir hola, pero no dijeron nada, solo el silencio y una pequeña sonrisa que se dibujaba en su rostro. Pasaron de largo, dejando entre ellos un espacio que cada vez cobraba más distancia, y ella, nerviosa, con su mirada verde clavada en la mente, tan solo podía pensar en su próximo encuentro.

@Sandra Sevilla.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Carta encontrada en un libro prestado.

Me encanta encontrar cosas que no son mías en los libros que he prestado, que me han dejado o en los de la biblioteca que ha podido leer cualquiera. En este caso ha sido una carta dentro del libro de Hella Jongerius que me ha dejado David, mi profe de Proyectos. Me encanta, es de un amigo suyo, muy bohemia, y dice así:

Querido,
aquí estoy en el pequeño balcón, amablemente acompañado por Bosco (Bosco es nuestro perro, que desde que le conocí ayer al devolver el sacacorchos a su dueño no tan civilizazdo, me mira con una ternura irresistible).
Esta mañana he desayunado con la princesa. Estaba preciosa y suave. Es una mujer maravillosa para soñar con ella.
Ya no hay mancha de esmalte en el videt. Espero  que no tuviera algún valor sentimental.
Dale un besín a María Andrés (que es tu mejor amiga), siempre buen cómplice.
Nos vemos pronto, amigo. Ahora te dejo, debo estar alerta, veo que el verano puede empezar en cualquier instante.
Un abrazo,
Alberto.

Pd. Sólo tenían este ejemplar, manoseado por una ingente cantidad de (gente) modernilla.
Pero pensé que no te importaría.
Puede que incluso te guste más así. Hoy en día el preenvejecimiento está muy cotizado.